Las palabras no se las lleva el viento. Las transporta. Cruza todas las fronteras para que en su susurro bese tus oídos.
miércoles, 31 de julio de 2013
lunes, 29 de julio de 2013
miércoles, 10 de julio de 2013
Una esperanza hecha de agua
Una esperanza hecha de agua
A todos los deportistas que
en el anonimato luchan para realizar su sueño y a las familias que los
acompañan.
Mariel
miró el reloj. “Son las 6 de la mañana, ya está abierta la pileta”, pensó. Sin
hacer ruido, se fue al club. Tenía que entrenar duro, debía bajar sus marcas
para clasificar en el mundial de Shangai. Cuando Ezequiel, su hermano y
entrenador, despertara ella ya estaría en la pileta, a pesar de que le había
pedido que descansara.
Ezequiel
se estaba duchando cuando escuchó su celular. Le llamó la atención que llamaran
tan temprano.
—¡Hola!
—¡Hola!,
¿Ezequiel?
—Sí
¿quién habla?
—Te
estoy llamando del club. Mariel vino a entrenar temprano, creo que se lesionó
el hombro. Está en la enfermería.
—¡Gracias!
Voy enseguida.
Ezequiel
estaba disgustado, quería ahogar a su hermana. No entendía por qué lo había
desobedecido.
Cuando
llegó a la enfermería Mariel lo estaba esperando: tenía un esguince en el
hombro. Había entrenado duro para clasificar y tener la posibilidad de
pertenecer a la selección que representaría al país en el mundial de Shangai y
ahora todo se complicaba. Y lo peor era su culpa, su hermano le había dicho que
descansara y ella se había exigido más.
Ezequiel
se acercó a su hermana con cara de reproche. Y Mariel no pudo contener las
lágrimas.
—Perdón,
Eze, me equivoqué.
—Sí,
te equivocaste.
—No te preocupes, voy a
recuperarme a tiempo. ¿Me vas a ayudar?
“Es
mucho tiempo el que voy a perder y te necesito conmigo”, pensó Mariel.
—Sí,
un tropezón no es caída. Pero no vuelvas a hacerlo. Espero que todo se
solucione; las listas cierran en seis meses. No te preocupes.
Había
pasado una semana, tenía que volver a la pileta. Lo habló con Ezequiel y
decidieron que entrenaría solamente con patada. Sus últimas marcas habían
estado cerca, solo faltaban unos centésimos. Su meta era clasificar en los 50 y
100 libres, y 50 y 100 espalda.
Todos
los días entrenaba a partir de las 6 de la mañana, llegaba ansiosa con su Gatorade y la leche chocolatada con
Maxi Gain para reponer energías. Su hermano cronometraba y le daba aliento,
además de marcarle los errores y corregir la técnica.
—¡Vamos,
Maru, lograste hacer 26 segundos 22 centésimas! Los 50 libres están cerca.
Pasaron
así una, dos, tres semanas. Ahora empezaba la tarea de lograr el estado óptimo.
El
día se dividía en pileta, gimnasio y rehabilitación. Mariel no quería
descansar, tenía que alcanzar su meta. Se acercaba una instancia clasificatoria
—los nacionales de invierno— quedaba
poco tiempo, tenía que ejercitar nuevamente la brazada para volver a tener
fuerza.
Se
encontraron en el CENARD, se abrazaron y Mariel fue a hacer el ablande. Estaba
feliz y plena, tenía que bajar sus tiempos y había trabajado duro para eso. Ya
estaba parada en el cajón a punto de comenzar la carrera, miró por última vez a
Ezequiel y se concentró.
—Mariel
vos podés —dijo en voz baja.
—A
sus marcas…listos… —comenzó a decir el juez—. Piiiip —se escuchó el silbato.
Ella
pensaba solo en su meta y dio todo. Llegó segunda. Enseguida buscó a su
hermano, quien le devolvió una sonrisa. ¿Lo había logrado? Ahora restaba
esperar los resultados.
Por
alta voz anunciaron 50
metros libres mujeres. Tercer puesto: Florencia Mey con
25:42 centésimos; segundo puesto Mariel Pistilli con 25:38 centésimos, primer
puesto Virgina Borda con 25:37 centésimos. ¡Sí!, lo había logrado, tenía que
seguir así el resto del torneo.
Una
a una fue alcanzando sus marcas. El sueño estaba cerca, tenía que hacerle caso
a Ezequiel. Ahora restaba esperar…
Ya
se acercaba la fecha. El mismo 30 de junio recibieron juntos la notificación
que anunciaba que Mariel sería parte del seleccionado argentino en Shangai.
Shangai,
julio de 2011
Mariel
se encontraba en la pileta de entrenamiento, se sentía feliz, pensaba en todo
lo que había hecho para estar ahí. En pocos minutos debía correr la serie,
tenía que clasificar para la final. Respiró profundo e inhaló ese olor a cloro
que la llenaba de vitalidad y le ponía los sentidos a flor de piel como si
fuera una droga.
Parada
en el cajón pensó en Ezequiel y en sus padres que tanto la habían apoyado y que
estarían mirándola por televisión del otro lado del océano. Les dijo:
“¡Gracias, soy feliz!”. Sonó el silbato y se
lanzó al agua. Logró clasificar para la final, a la tarde se definiría todo.
La
final de los 50 metros
libres se acercaba, debía hacer el ablande en la pileta auxiliar. En la segunda
pasada sintió un dolor muy profundo en el hombro.
¡Ahora
no!, se dijo con amargura.
Estaba
a punto de correr una de las carreras más importantes de su vida. Las lágrimas
se le mezclaron con las gotas de agua que caían por el rostro. Salió de la
pileta pensando en Ezequiel y en sus padres. “Un tropezón no es caída”, recordó
las palabras de su hermano y fue hacia el cajón con ánimos renovados para
correr la final. A pesar del dolor que cada vez se intensificaba más, cuando
emergió del agua supo que el bronce sería suyo. Miró a las cámaras y dijo:
—¡Gracias,
Eze! Lo último que se pierde es la esperanza y lloró de felicidad.
Su
próxima meta sería Londres 2012. Mientras pensaba esto escuchó una voz que
decía:
—¡Welcome to London! —y volvió a mirar el diario que traía desde La
Plata, “Deportista platense rumbo a
Londres” Mariel Pistilli, nadadora del club Estudiantes de La Plata después de
haber bajado la marca lograda en el mundial de Shangai en los 50 libres a 25:26
se ganó un lugar en el seleccionado argentino.
Una
sonrisa de satisfacción se dibujó en su rostro, estaba en el avión realizando
el sueño que todo deportista tiene: “los Juegos Olímpicos”.
lunes, 17 de junio de 2013
Los niños de la botella
Hola! Les dejo un intento de fantasy. Estamos incursionando en el tema. Perdón por los guiones fue una pelea con la compu y quedó así hasta que logre acomodarlos. Espero sus comentarios.
Faltaban diez minutos para que empezara la función Itzia se estaba terminando de peinar. Se colocaba una a una las perlas en las trenzas que rodeaban la nuca. Esta sería la última noche en el pueblo y aprovecharía la lluvia de lurestes para escapar, esos pequeños copos brillantes con una textura de nieve los tendrían a todos entretenidos.
Faltaban diez minutos para que empezara la función Itzia se estaba terminando de peinar. Se colocaba una a una las perlas en las trenzas que rodeaban la nuca. Esta sería la última noche en el pueblo y aprovecharía la lluvia de lurestes para escapar, esos pequeños copos brillantes con una textura de nieve los tendrían a todos entretenidos.
Ya la música comenzaba a sonar y el público aplaudía. Cuando
escucho.
_ Y con Uds. Itzia la reina de la magia.
Supo que era el momento de actuar.
Entro en el círculo del circo, todos aplaudía y agitaban las manos,
su vellera era sin igual, pero lo que los tenía hipnotizados era su música.
Itzia sabía que estaba haciendo daño, pero tenía un precio que pagar
si quería liberar a su hijo.
Antes de comenzar miro a su alrededor, los grandes postes que
sostenía la carpa estaban decorados con dibujos de animales salvajes pintados
en oro. Quien iba a imaginar que Iñaqui el dueño del circo guardaba así toda su
fortuna. La tela de la carpa estaba delicadamente bordada y en el techo tenia
incrustadas piedras que brillaban intermitentemente cuando un as de luz las
acariciaba.
La gente emocionada, los niños felices, pero ella sabía que todo era
un engaño. Hoy su presa seria una niña; tenía que estar sola y allí estaba una
pequeña de enormes ojos color mil que mira fascinada los banderines que
colgaban alrededor del círculo en el techo.
Entonces dijo:
_necesito una niña que sea mi ayudante en este truco. ¿A vos te gustaría?
Se dirigió a ella.
_¡si!¡si!
-Bueno vení _ y abrió sus brazos para desplegar la gasa de las
mangas y comenzar a montar el espectáculo.
El público aplaudió nuevamente expectante de lo que sucedería.
_Ahora amiguita ¿Cómo te llamas?
_Regina.
_Bien Regina vas a entrar en esta caja.
Cuando los ayudantes la acercaron a Regina le encanto. Era una caja
rosa con pequeñas florcitas toda una invitación al juego, pero lo que no sabía
era que la única que veía eso era ella, el público solamente veía una especie
de cajón negro, como el de cualquier mago, como un ataúd.
_Ahora Regina vas a ir a un jardín mágico y de ahí debes traerme una
rosa,
_Bien- respondió Regina.
Itzia cerró la caja giro hacia un lado y hacia el otro moviendo grácilmente
sus brazos y esparció polvo mágico sobre la caja.
Luego cuando abrió la caja se escuchó Ahhhhhhh y Regina ya no
estaba. Volvió a cerrar y a abrirla nuevamente y la niña estaba allí con una
rosa en sus manos. Todo el mundo aplaudió al ver la sonrisa de Regina.
Itzia le tomo la mano en la que tenía la rosa y una pequeña espina
se clavo en su dedo.
Lo que nadie sabía era que solo una pequeña gota de sangre era
suficiente para que desapareciera de este mundo y terminara presa dentro de la
botella donde Iñaqui llevaba guardados cuatro niños y dos niñas para canjearlos
por oro al mago oscuro.
Itzia saludo a su público y desapareció detrás del cortinado.
Regina había sido su último sacrificio. Antes de emprender su huida.
Iñaqui no liberaba a su hijo, siempre exigía un niño más. Tenía que
encontrar a alguien más fuerte que pudiera ayudarla.
Cuando los lurestes comenzaron a caer se coloco su capa y se alejo
sigilosa por detrás de la carpa mientras el último vestigio corpóreo de Regina
desaparecía en el aire.
viernes, 31 de mayo de 2013
Cuarto oscuro
Les dejo la foto de la tapa de "Cuarto oscuro" de mi primera profesora en poesía y amiga Verónica Ruscio.
Poemario debut de Verónica Andrea Ruscio, editado por El Mono Armado.
¡Felicitaciones Vero!
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